Un gobierno de cuentos

El peligro de las metáforas en el mandato presidencial

De la promesa a la metáfora

Mucho ruido hicieron las declaraciones del presidente José Antonio Kast al ser cuestionado por el tema migratorio, pues durante el periodo de campaña había prometido expulsar a la gran mayoría de personas en situación irregular. “La invito a que veamos cuántos de los 330 mil van a quedar en Chile el día 11 de marzo. Van a ser bastante menos” es lo que afirmó el mandatario durante el último debate emitido en Chilevisión, antes de ser electo por el pueblo chileno para liderar el país.

Durante una actividad realizada este mes de mayo en la Cámara Chilena de la Construcción, donde se abordaron diversos temas junto al presidente, este fue cuestionado por los dichos anteriores, a lo que su respuesta fue que aquellas promesas correspondían a una “metáfora”, no a la realidad y adoptó un tono burlón para referirse a quienes creyeron en aquello, debido a que reconoció explícitamente que cumplir con la cifra era una misión imposible.

El voto bajo falsas premisas

Construir un futuro para Chile debería realizarse con hechos, realidades y promesas concretas. Figuras literarias como las metáforas no tienen lugar en un gobierno democrático, pues las personas eligen a su presidente basándose en lo que afirman los candidatos. Al mentir durante la campaña y crear un cuento, la gente no elige de forma transparente, sino que lo hace engatusada por las palabras que asumen son verídicas.

¿Es realmente un voto representativo del pueblo uno que fue ejecutado bajo falsas premisas? No es así, pues nadie espera ser engañado ni asume que las promesas realizadas sean falsas.

La gente quiere cambios, desea actos concisos y reales. Manipular la información crea falsas expectativas, es inadmisible que los políticos jueguen con la esperanza del pueblo obrero.

La vieja escuela del engaño

En distintos puntos dentro de la historia chilena hemos sido testigos de los peligros que implica a la democracia la información falsa difundida por autoridades del país e inclusive por los medios de comunicación, quienes se vuelven cómplices del auge de mentiras que nacen dentro de la ultraderecha para dominar a las masas. No debemos retroceder mucho, pues bien sabida es la forma en la que el diario “El Mercurio” encubrió las violaciones a los Derechos Humanos cometidas en dictadura. Titulares vergonzosos como “Exterminados como ratones” o similares llenaban las portadas del medio supuestamente dedicado a informar.

Con la sangre de nuestros compañeros hemos podido aprender la gravedad de la mentira. No solo es una falta de respeto al pueblo chileno, sino que también es un desprecio y una mirada en menos hacia la población. La ultraderecha cree que puede engañarnos a base de cuentos y metáforas, que la gente trabajadora es incapaz de entender por cuenta propia cuando se le está alimentando con mentiras y falsedades.

El uso del engaño y el control mediático han sido históricamente herramientas utilizadas por las derechas para manipular al pueblo y sus obreros.

Cuando la máxima autoridad del país hace uso de la ficción para capturar votos y procede a mofarse de quienes le depositaron su confianza, revela el profundo desprecio con el que ve a los ciudadanos.

La urgencia de una comunicación socialista

La respuesta ante este agravio político y comunicacional es clara: los comunicadores socialistas debemos oponernos ante las falsedades de la élite y articular estrategias de comunicación opositoras, que entreguen información verídica a la ciudadanía y rechacen las mentiras que salen de la boca de quien gobierna.

Es impensable que un candidato a la presidencia afirme en campaña que 1.200.000 chilenos mueren al año, para luego ser desmentido por varios medios oficiales y que aún así esta persona llegue al poder.

Debemos generar instancias en las que hagamos frente a estas declaraciones y podamos construir una realidad basada en hechos, no metáforas, pues la política debemos desarrollarla con el pueblo informado a base de verdad histórica en vez de cuentos ficticios provenientes de ambiciosos que no desean ayudar a Chile, sino que apuntan a llenar sus bolsillos.

Compañeros, no solo como estudiante de periodismo, sino también como socialista, los invito a seguir combatiendo a las farsas del gobierno y la ultraderecha. No podemos permitir que nos sigan mirando como seres sin capacidad de pensamiento propio; es imperante que nuestra respuesta ante la mentira sea la autenticidad, los hechos y la realidad. Si perdemos la verdad, perdemos la memoria.