Patada: Al balón y al Fascismo
Desde Lamine Yamal hasta Carlos Caszely y Eric Cantona, esta columna reflexiona sobre el carácter político del fútbol, la hipocresía frente a los deportistas migrantes y el rol del deporte como espacio de resistencia social.
El mito del deporte neutral
Existe una persistente y cómoda fantasía que ha sido alimentada por los sectores que prefieren mayormente la complacencia al debate, y que además insisten en que el deporte debe ser un territorio neutral. Nos dicen, “No mezclen el fútbol con la política” y yo me pregunto ¿Desde cuando existen guardianes del purismo en el futbol? ¿O es que pretenderemos que los deportistas dejen su humanidad guardada bajo llave en los camarines antes de competir?
Esos supuestos jueces del aséptico orden deportivo aparecen cada vez que un atleta decide usar su vitrina global para recordar que el mundo duele más allá de las líneas de cal.
Las recientes y acidas críticas dirigidas al futbolista Lamine Yamal tras llevar la bandera de Palestina en las celebraciones del triunfo del Fútbol Club Barcelona en La Liga son ejemplo más nítido de este fenómeno, pero la historia y la realidad nos demuestran todo lo contrario porque el deporte fue, es y siempre será político.
“El deporte fue, es y siempre será político.”
El cuerpo migrante que sirve… hasta que habla
El caso de Yamal desnuda una profunda contradicción ética y social en ciertos sectores de la sociedad española, puesto que resulta curioso cómo muchos de quienes se han escandalizado por su gesto son los mismos que han celebrado eufóricos sus triunfos en la cancha, devorando sus goles como si ellos mismos los hubieran hecho.
Sin embargo, ante el más mínimo atisbo de conciencia social del chico de 18 años, no dudan en levantar un muro de segregación recordándole incluso los orígenes de su familia. Esta selectividad revela una gran hipocresía estructural y es que les fascina el talento del hijo de migrantes cuando este sirve para inflar su orgullo, pero les incomoda cuando su humanidad decide hablar.
Exigirle a un futbolista de élite que apague su conciencia social, siendo que sus raíces e identidad están cruzadas por la multiculturalidad de los barrios periféricos de la gran España, es una ingenuidad peligrosa.
Cantona y la memoria rebelde del fútbol
Y para quienes se espantan con Yamal olvidan que la historia del futbol ha sido pavimentada de rebeldía frente a las injusticias sociales, como lo es la icónica patada voladora de Eric Cantona contra un hincha que lo acosaba con insultos xenófobos y consignas fascistas en las gradas inglesas en el Estadio Selhurst Park año 1995; una reacción que, más allá de la severa sanción, se transformó en un símbolo de respuesta directa al fascismo y racismo dentro de los estadios.
Chile: fútbol, dictadura y resistencia
Por lo demás, nuestra propia historia nacional demuestra que durante los lamentables hechos de la dictadura militar, el futbol se convirtió en un campo de batalla discursivo insoslayable.
Desde la valentía de Carlos Caszely que negó su saludo al dictador Augusto Pinochet durante la ceremonia de despedida de la selección chilena antes del Mundial de Alemania, hasta aquellos futbolistas que clandestinamente apoyaban las ollas comunes o usaban las canchas de barrio como los únicos espacios de asamblea y de resistencia comunitaria.
Por ello el deporte, bajo el propio autoritarismo que nos tocó vivir, demostró que un par de botines podían sostener y defender muchísimo más la dignidad de un pueblo que las armas del Estado que se habían dado vuelta contra su propio pueblo.
“Un par de botines podían sostener y defender muchísimo más la dignidad de un pueblo que las armas del Estado.”
El ajuste fiscal también es político
Pretender despolitizar las canchas es un acto político que busca mantener a la gente en el statu quo, además de mantenerlos alejados de lo que ellos han denominado “polémica”.
Bajo esta premisa, resulta urgente enfocarnos a nuestra realidad actual como país, puesto que en Chile la discusión sobre el rol del deporte enfrenta un panorama critico debido a la lamentable instrucción del Ministerio de Hacienda de aplicar un recorte transversal del 3% al gasto publico general para este año, una medida fiscal que golpea de lleno a carteras clave e instala la incertidumbre sobre el desarrollo de nuestros atletas nacionales.
Natalia Duco y la contradicción del poder
En este complejo escenario, las miradas apuntan inevitablemente a la “intachable” actual Ministra del Deporte, Natalia Duco. A diferencia de las figuras tecnócratas que habitualmente han liderado esta cartera, ella destaca por haber sido partícipe del Team Chile como atleta de alto rendimiento; por ende conoce en carne propia la precariedad deportiva que se vive día a día.
Sabe de primera fuente lo que significa entrenar sin financiamiento garantizado, golpear puertas en busca de auspicios y lidiar con la histórica carencia de infraestructuras que sufren las regiones.
Precisamente por contar con esa biografía, su actual rol en el gabinete le obliga a una exigencia doble, puesto que no se puede liderar un ministerio desde la pasividad técnica cuando las decisiones fiscales amenazan con desmantelar grandes avances para nuestros deportistas.
La ministra Duco entiende mejor que nadie que un recorte presupuestario se traduce directamente en menos becas para jóvenes promesas, menos competencias y el abandono de proyectos comunitarios.
Y le pregunto ¿Usted cree que es prioridad para nuestros y nuestras deportistas los uniformes o los implementos necesarios, la sustentación de los viajes, financiamiento para competencias y la contratación de más especialistas que los ayuden? ¿Usted cree en realidad que se quieren ver bellos para ganar, en lugar de enfocarse quizás en aumentar psicólogos especializados en el área deportiva? Dígame ministra ¿eso es lo que a usted tanto le faltó para ganar los primeros lugares de su disciplina?
Tomar posición
Aceptar de brazos cruzados los ajustes fiscales dentro de su propia cartera representa una contradicción para usted que fue deportista. El liderazgo de quien está ahora en el poder debería encarnar la defensa de aquellos que hoy viven la misma vulnerabilidad que ella enfrentó en sus inicios.
Lamine nos demostró en Europa que el deporte sirve para tomar posición frente a las injusticias del mundo y en nuestro país, la Ministra Duco tiene el deber político y ético de hacer lo mismo: tomar posición interna y defender el presupuesto de su ministerio frente a la voracidad fiscal de su gobierno.
Si el deporte es político por definición, la mayor declaración de principios que se puede hacer hoy en Chile es plantarse con firmeza para impedir que la tijera presupuestaria termine por apagar los sueños de las bases deportistas del país.