De la fe y la revolución
Una defensa de la compatibilidad entre el catolicismo y la teoría materialista frente al individualismo neoliberal.
Introducción
Hoy, decir que crees en Dios, que vas a la iglesia, que agradeces por los alimentos, que oras, es mirado de manera extraña en la izquierda. Quizá no con prejuicio, pero sí como algo fuera de la caja.
Siempre ha existido en la izquierda una especie de ateísmo militante, a veces incluso con burla de la religión, a la fe de la gente. La modernidad ha acrecentado notoriamente esta sensación que, no solamente es errónea, sino que no entiende la realidad nacional y del pueblo. Recordemos: Chile aún es mayoritariamente cristiano, y sobre ello, también mayoritariamente católico.
Este texto no busca imponer dicha fe, busca mostrar que no solo es compatible con las ideas revolucionarias, sino que estas son incluso obligatorias para los cristianos en el siglo XXI.
I. La Contradicción del Régimen Neoliberal
“Vivimos en un mundo cada vez más individualizado donde se ha perdido el sentido de comunidad. El tejido social ha sido reemplazado por el consumo y el egoísmo social.”
Hace solo un par de décadas existía un verdadero tejido social en Chile. Había comunidad. Así mismo, y como principal impulsor de este sentimiento tan básico como lo es ayudar o al menos ponerte en el lugar del prójimo, Chile era un país abrumadoramente creyente.
Vivimos en un mundo en que además se han acrecentado cada vez más las diferencias de clase y las contradicciones del regimen capitalista -que ahora más encima es neoliberal-, en el que nuestra nacion y hermanos del sur global nos hemos visto constantemente amenazados por las potencias dominantes de Occidente. El capital nacional y el extranjero defienden sus intereses. Defendamos los nuestros.
II. Lo Incómodo: La Devoción sin Praxis
Es sabido que hay muchos creyentes e incluso autoridades religiosas, que pregonan su devoción a Dios y a los principios tan hermosos que hasta más el huido de luz reconoce, sin embargo, no practican verdaderamente la solidaridad.
Mateo 21: 28-32 / «Un Hombre tenía dos hijos. Llegandóse al primero le dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña. Y el respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue. Llegandose al segundo, le dijo lo mismo. Y el respondió “Voy, señor”, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?»
—«El primero» —le dicen.
Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él.»
Conclusión
Sobre la misma línea: es innegable la corrupción y abusos, sumado a encubrimientos, que han ocurrido en nuestra iglesia. Esto sumado al clericalismo y la falta de control. El Papa Benedicto XVI inició un proceso de firmeza y reconocimiento frente a estas vejaciones, proceso que el Papa Francisco ha profundizado con reformas y mayor transparencia, en línea con su reconocida política de apertura de la Iglesia, que también ha continuado el Papá León XIV. Estos cambios no borran el daño, pero muestran que vamos por un camino cada vez más cercano a la palabra de Jesús.
Hoy más que nunca ser patriota, socialista y católico no es una contradicción ni un juego, es una responsabilidad. En un mundo que normaliza la desigualdad, la injusticia, el egoísmo social y la indiferencia, la fe ya no puede ser un premio o consuelo individual, sino un motor de transformación colectiva. No basta con rezar, hay que organizarse y actuar.