Ricardo Núñez: De la Renovación Socialista al nuevo ciclo transformador
Una conversación profunda sobre las raíces del socialismo chileno, las autocríticas pendientes de la UP y la necesidad de una identidad nacional-popular.
Ricardo Núñez ha sido uno de los arquitectos fundamentales de la Renovación Socialista en Chile. En esta conversación, nos sumergimos en las dimensiones teóricas y políticas que permitieron al PS distanciarse del modelo soviético para reencontrarse con una impronta nacional y popular.
Núñez advierte sobre la crisis actual de la izquierda, la pérdida de raigambre en el mundo popular y la urgencia de un debate de ideas que trascienda las luchas internas por el poder.
I. Las raíces y factores de la Renovación
Rodrigo Belmar (RB): La Renovación Socialista comienza con la Convergencia Socialista, ¿nace naturalmente con este proceso o ya existían reflexiones previas?
Ricardo Núñez (RN): El proceso de la Renovación trató de dar cuenta de dos fenómenos no considerados: primero, nuestras falencias durante la UP, y segundo, el análisis de las fallas del socialismo real soviético. Pero hay un tercer factor vital: recuperamos el espíritu de Eugenio González y su programa del año 47, que ya buscaba darle al socialismo chileno una impronta nacional y popular antes del estalinismo dominante.
La Renovación rescató ese espíritu y lo cruzó con el Eurocomunismo y el pensamiento de Gramsci. Sabíamos que para enfrentar la dictadura debíamos poner como bandera la recuperación de la democracia. Le ahorramos al país un proceso traumático al derrotar a la dictadura con sus propias reglas.
II. El socialismo plural y el fin de las verdades absolutas
RB: ¿Cómo fue la convivencia entre las distintas vertientes de este proceso?
RN: El gran aporte fue entender que no era posible construir verdades absolutas como pretendía el marxismo-leninismo. Salirse de ese “capullo ideológico” soviético fue difícil. En los 60, el éxito cubano obnubiló nuestro análisis concreto de la realidad, pero en la Renovación recuperamos la capacidad de crítica.
Luchamos por una sociedad mejor entendiendo que el socialismo es plural. Fuimos capaces de integrar al MAPU, la IC, el MIR y a jóvenes de la Convergencia que no eran militantes, pero sí “convergentes”. El objetivo no era un paradigma cerrado, sino el compromiso con la libertad.
III. El déficit teórico en la transición
RB: ¿Cree que el proceso de Renovación fue limitado por la transición a la democracia?
RN: Efectivamente. ¿Cómo te dedicabas a la transformación teórica en medio de la lucha por sobrevivir a la dictadura? El aporte fue político, pero el esfuerzo por generar un nuevo paradigma para la sociedad moderna quedó en deuda.
“Hoy en la izquierda el debate de las ideas es marginal. No existe la inquietud por entender que la ideología neoliberal se ha impuesto, incluso dentro de nosotros.”
Nosotros, que fuimos dirigentes y parlamentarios, dejamos a un lado las ideas. La derecha ha sido mucho más fuerte en este campo; si personajes como Kast o Kaiser tienen la votación que tienen, es porque algo hicimos mal.
IV. Contra el faccionalismo y la burocracia
RB: ¿Ha sido un error el devenir faccionalista del Partido Socialista?
RN: Eso es lo que está hundiendo al socialismo. Cuando la gente percibe que el PS es solo un camino para acceder a la estructura burocrática del Estado, la política pierde su encanto. De tanto pragmatismo terminamos siendo partidos populistas en el peor sentido. Observamos un aparato partidario más preocupado de los intereses menores que de iluminar un futuro mejor para las familias.
V. La Renovación como conducta permanente
RB: ¿Podemos entender la Renovación como un proceso que debe continuarse?
RN: La renovación es una conducta ideológica y doctrinaria permanente, no un estadio. Eugenio González entendió en el 47 que la democracia es un logro civilizatorio. El error de este “segundo intento renovador” es que se enfrascó en luchas internas de poder.
La falencia del FA es no tener raigambre popular; la del PC es que la perdió; y la del PS es que perdió su mundo obrero-campesino. El mundo popular hoy es más complejo: incluye al narcotráfico, a las mujeres con roles distintos, y a una juventud frustrada con “rabia social”. Si no recuperamos esa raigambre mediante un debate de ideas nuevas, seguiremos vegetando.
VI. Identidad nacional, Patria y Socialismo
RB: ¿Es posible reconstruir una conciencia nacional desde la izquierda?
RN: Ese fue el aporte original del PS en el 33 con Grove. El socialismo es posible a partir de las condiciones concretas del país. Allende reflejaba eso: era republicano y defensor de las fronteras. Para él, Balmaceda, Recabarren y Manuel Rodríguez eran los tres pilares de lo nacional.
RB: ¿Cómo configurar un proyecto nacional propio en la izquierda actual?
RN: Cometimos un error histórico garrafal en la Convención Constituyente al considerar que la bandera y el himno eran productos de la burguesía. Son símbolos de la lucha del pueblo contra la corona española; son hijos de una revolución.
Al intentar borrarlos, le entregamos la identidad nacional a la derecha, permitiendo que ellos impregnen una xenofobia inaceptable. El concepto de Patria es poderoso y no se opone al socialismo. Debemos tomarlo porque es una fuente transformadora. Patria y Pueblo, como decía Allende, no son construcciones abstractas, son procesos históricos que debemos recuperar.